Estábamos buscando un lugar más cercano a la ciudad, donde las familias pudieran disfrutar de un verdadero parque, rodeado de naturaleza, sin tener que viajar kilómetros para encontrarlo.
Recorrimos muchísimos lugares, pero ninguno tenía eso que estábamos buscando.
Hasta que un día, casi por casualidad, tomamos un camino diferente.
Y ahí apareció.
Lo único que se veía eran árboles. Muchísimos árboles. Y, escondida entre ellos, una antigua casona.
Una vecina nos contó que la quinta estaba en venta.
En ese instante comenzó a crecer un sueño.
Recordamos haber dicho una frase que todavía hoy nos emociona: "Como sea… va a ser acá."
Y, de alguna manera, todo empezó a darse.
Las puertas comenzaron a abrirse una tras otra, como si el destino también quisiera que este lugar se convirtiera en La Campiña.
Se estima que la casona fue construida a principios del siglo XX por la constructora Ballarini y Vago.
Aún hoy puede verse, en una de sus paredes, la firma original de quienes la construyeron.
La propiedad pertenecía a la familia de Don Enrique y, en aquel entonces, ocupaba toda la manzana.
Era una quinta repleta de árboles frutales y enormes magnolias, cuyas flores incluso eran utilizadas para la elaboración de perfumes.
Con el paso de los años, la quinta fue subdividida y vendida en distintas partes.
Muchísimo tiempo después, llegamos nosotros.
Desde el primer día supimos que este lugar tenía algo especial.
Y también supimos que, si algún día lográbamos hacerlo realidad, queríamos conservar aquello que lo hacía único.
Por eso decidimos preservar la mayor cantidad posible de árboles y mantener la esencia de la casona.
Cuando fue construida, la vivienda fue orientada hacia la salida del sol, permitiendo que la luz y el calor ingresaran naturalmente durante la mañana.
Esa es la razón por la que hoy la casa se encuentra en diagonal respecto del terreno.
Con el paso del tiempo adaptamos su interior para convertirla en el área de servicios de La Campiña: cocina, suites y sectores de apoyo para el evento.
Sin embargo, elegimos conservar casi intacta su fachada, porque creemos que allí sigue viviendo gran parte de la historia y la magia de este lugar.
Hoy, la historia continúa.
Cada árbol, cada rincón y cada espacio de La Campiña guardan parte de esa historia.
Lo que alguna vez fue una antigua quinta familiar, hoy es el escenario donde cientos de personas celebran algunos de los momentos más importantes de sus vidas.
Nos llena de orgullo poder compartir este lugar con ustedes y saber que, a partir de ahora, también formará parte de su propia historia.
Bienvenidos a La Campiña
Donde los sueños encuentran su lugar para hacerse realidad.